La máquina maldita
Posteado en Cuentos infernales sobre Junio 25, 2008 por sohno- Jefe….¡Nos la han colado! –Dijo el idiota de Gutiérrez.
Yo preferí guardar silencio. En parte porque no quería romper el delicado balance prevaleciente en las relaciones laborales de la compañía (¡podría ahorcarlo!), pero principalmente porque no soporto las obviedades.
- López ¿Cómo vas?
- Mmmmmh! No muy bien señor, la verdad…
López es mi mejor hombre. Tiene un masters en ciencias y domina cuatro idiomas.
Si hay alguien capaz de comprender el instructivo, esa persona es López con seguridad.
Al tiempo tres de mis empleados revisaban detalladamente el equipo, oprimiendo botones y haciendo pruebas, mientras que el zángano de Gutiérrez se limitaba a observar, parado a un costado mío, con los brazos en jarras mientras negaba con la cabeza.
- ¿Y si…….? ¿Y si llamamos al técnico? – Se decidió por fin a preguntar.
El técnico en fotocopiado ya había venido tres veces con anterioridad.
La primera vez sacó un juego de copias del informe anual de resultados, lo escaneó y lo mandó vía mail a los directivos. La segunda vez valoró los principales proyectos de inversión de la compañía, evaluó la tasa interna de rendimiento de cada uno de ellos (por distintos algoritmos) y determinó los idóneos, faxeando un resumen a los principales accionistas. La tercera vez elaboró las declaraciones de impuestos de los empleados, mientras preparaba un soufflé de chocolate y café vienés, al tiempo que jugaba una partida de ajedrez en línea con Kasparov y componía una polka.
Todo solamente oprimiendo un par de botones.
¡No iba a soportar nuevamente la sonrisita de superioridad de ese hijo de puta, mal que nos jodieran a todos!
Pasaron quince minutos en tiempo muerto. Luego decidí intervenir.
- ¡Ustedes! – Interpelé - ¡Llévense a López al baño! (No iba a darle el gusto al condenado aparatejo de ver llorar a un hombre hecho y derecho) ¡Apártense! Voy a ocuparme personalmente del asunto.
Mientras se llevaban a López entre espasmos de rabia y al borde de una crisis nerviosa, me acerqué a la máquina decidido, con la hoja de presentación del informe mensual de ventas en la mano.
- Señor… –Dijo Gutiérrez, que absurdamente creía ser mi brazo derecho- ¡La junta de los directivos es en quince minutos!
- Lo se, Gutiérrez, lo sé - Respondí, sin hacerle mayor caso.
Inserté la hoja en la bandeja principal, programé el número de copias en “10” (una por directivo) y oprimí un botón que tenía una lucecita verde.
La hoja desapareció en el interior de la máquina y de manera casi inmediata salió en otra bandeja.
Instantes después, otra hoja cayó en un receptáculo bajo.
- ¡Ajá! – Dije triunfante, al tiempo que levantaba la copia para que todos la vieran.
Bien pronto me di cuenta de que estaba sosteniendo una hoja en blanco.
“No pasa nada”- Pensé – “Solo debo poner la parte impresa hacia el otro lado”
Giré la hoja y repetí la operación. Nuevamente el papel original se adentró en las profundidades de la máquina…pero esta vez ya no salió por ninguna parte.
Volví a oprimir el botón con la luz verde. Nada pasó.
Oprimí un botón con luz amarilla. Nada.
Oprimí un botón con luz roja….y la hoja de presentación de mi informe salió convertida en confetis por un costado de la copiadora…..
Con un rugido, tomé todo el informe y lo coloqué en la bandeja principal.
- ¡Señor!…¡Los accionistas! – Insistió Gutiérrez
- ¡Me cago en la puta madre de los accionistas y en la suya también Gutiérrez! – Grité, mientras oprimía frenéticamente los botones.
No pasó nada, salvo que se escuchó un zumbido metálico, muy semejante al sonido de una risa humana.
Era evidente que la copiadora pretendía burlarse de mí, así que tomé un extintor que se encontraba cerca y lo descargué salvajemente una y otra vez sobre la maldita máquina.
Tuvieron que detenerme entre cuatro empleados y dos de los miembros del cuerpo de seguridad.
Me sentaron en una silla y me tranquilizaron con un vaso de agua, mientras una secretaria me abanicaba con un fólder.
De pronto, se escuchó un sonido como de papel deslizándose.
Diez copias perfectas del informe fueron acomodándose en sus respectivas bandejas. Después fueron empastadas.
Incrédulo, me puse de pie para acercarme. Uno de mis empleados me alcanzó un ejemplar, más nítido aún que el informe original.
La condenada máquina inclusive había realizado algunas correcciones al estilo.
Me desplomé en la silla.
Estridente, nuevamente se escuchaba ese zumbido metálico….tan parecido a una risa humana….